O, por qué los romanos decidieron llamar tierra de conejos a España si “conejos” no es lo que más se encontraron por aquí.

Cuando los romanos llegaron a España encontraron una enorme cantidad de superficie arbolada poblada en su mayoría por árboles del género Quercus (encinas, robles y alcornoques), capaces todos ellos de producir ingentes cantidades de bellotas.

No tantos como para hacer realidad el tópico de que una ardilla la podía recorrer de norte a sur sin bajar de las ramas, pero sí tan importantes que, como quedó recogido en los escritos del geógrafo Estrabón y de Plinio, los pueblos pre romanos del norte de la península se alimentaran durante gran parte del año con bellotas (y en algunas zonas castañas) empleándolas principalmente secas y trituradas para hacer pan. Para las que amargan, las del roble y el alcornoque, tenían tratamientos similares al que se emplea con las olivas. También reducían su amargor e incluso eliminaban el sabor desagradable tostándolas, como hoy hacemos con tantos frutos secos.

Además, en el sur de la península, ya entonces, los cerdos y otros animales criados por el hombre se aprovechaban también de tan abundante fuente de alimento.

Entonces… ¿Por qué no llamaron a esta tierra Glansia o Glania si en latín Bellota es Glans? Pues no queremos ser malpensados pero el trigo fue el alimento principal de los ejércitos romanos, y para abastecerles se forzó la generalización de su cultivo allá donde llegaron. Además, al ser la romana una sociedad basada en las grandes urbes, el suministro a las ciudades demandaba grandes cantidades de cereal cuyo cultivo ocupaba enormes superficies; así como recipientes de barro (ánforas) que por ser cocidos en hornos acabaron con muchos bosques alrededor de las urbes. De ahí que no solo fue la armada invencible la que acabó con la cubierta arbórea de este país, si no que la deforestación empezó mucho antes y estos romanos, que no estaban nada locos, no iban a ponerle a un país el nombre de algo que ellos mismos empezaron a castigar.

Por eso, lo de Hispania/tierra de conejos (sea de origen fenicio o cartaginés) que es la versión más aceptada del origen de la palabra España, a ellos ya les iba bien. Y nos dejaron a nosotros libre la palabra bellota (del árabe Ballúta) y las bellotas para otros usos. Por ejemplo para dar de comer a nuestros cerdos ibéricos (su historia será otro capítulo) y darle nombre a la categoría que destaca entre ellos, el ibérico de bellota.

Para acabar y como curiosidad, las bellotas en Catalunya se denominan con la palabra gla o aglà, que sí proviene del latín glans.